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jueves, 4 de septiembre de 2014

IV° ENCUENTRO DE ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ EN ECATEPEC


PROGRAMA GENERAL
IV° ENCUENTRO DE ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ EN ECATEPEC

4:00 pm Inauguración
Auditorio del Centro Regional de Cultura de Ecatepec 
“José María Morelos y Pavón”
(Plaza Juárez No. 1, Col. Centro, CP. 55000
San Cristóbal Ecatepec, Edo. de Méx.)

LECTURA DE PARTICIPANTES:
Mesa 1 (4:00 pm)
Víctor Argüelles
Iván Villaseñor
Miguel Tonhatiu
Mesa 2 (4:15 pm)
Teresa Bernal
Víctor Manuel López Soberanes
Edith Vargas
Mesa 3 (4:30 pm)
Hortensia Carrasco
Melissa Nungaray
Angélica Santa Olaya
Mesa 4 (4: 45 pm)
Temok Saucedo
Rubén Lemus
Issaacck Osorio
Mesa 5 (5:00 pm.)
Carlos Santibáñez Andonegui
María Eugenia Rodríguez
Cristina de la Concha
Mesa 6 (5:15)
Érika Chaidez
Refugio Pereida
Rocío Franco
Mesa 7 (5:30)
Isabel Alcántara
Guadalupe Quezada
Eduardo Lerma
Mesa 8 (5:45:)
Jorge Cano
María Dolores Reyes Herrera
Luz María Salinas
(6:00)
Participación de “Nos falta el loco” Miguel Santos y el guitarrista Yeudiel Infante
(6:10)
CLAUSURA, ENTREGA DE RECONOCIMIENTOS Y BRINDIS
Fondo musical de Osvaldo Flores: “Con una vista”


Viernes 5 de septiembre, 11:00 h. (del 5 al 28 de septiembre)
En el marco del IV° Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez en Ecatepec
Apertura de la exposición “México se pinta solo… y más”
Dibujos de Cristina de la Concha
Sede alternativa: Galería del Centro Cultural y Recreativo de Ecatepec.


Domingo 7 de septiembre, 11:00 h.
Lectura literaria
En el marco del IV° Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez en Ecatepec
Varios escritores y la participación especial del Poeta:

ROBERTO LÓPEZ MORENO

Galería del Centro Cultural y Recreativo de Ecatepec
(Maravillas, Valle del Mayo, Valle de Anáhuac, 55210 Ecatepec de Morelos
Estado de México. Cerca del Metro Ecatepec)

ENTRADA LIBRE

martes, 12 de agosto de 2014

EL PRETEXTO DE NO SÉ ANDAR EN BICICLETA

                                                              Portada

Por Víctor Argüelles
                                                                                                                       
En No sé andar en bicicleta, primer poemario de Rocío Franco existe un conjunto de impresiones transcritas en la búsqueda personal de los recuerdos; resaltan una historia de vida: trama de tiempo y espacio, porque hay un tiempo que admite ser rememorado, y un espacio recordado, para ser devuelto en poesía. Así lo manifiestan las 26 páginas que conforman, de principio a fin, una cartografía demarcada en la infancia y, específicamente en el fin de la infancia, donde el asombro ante este hecho se traduce en juegos, rondas, caricaturas, golosinas y canciones pop:

la niña mira y llora y se come los mocos
al cabo y qué si nadie la mira                     
ve telenovelas y espera
escucha a Rocío Durcal
y sueña con h..o..r..m..i..g..a..s..

Los escenarios por donde transita este sentir se advierten poblados y desiertos; tal cual: la ciudad de rascacielos coloridos, de columpios y basurales sirve de fondo para establecer las coordenadas de una historia donde la circunstancia de la urbe refleja al habitante que la ocupa.

palpita en el espejo un remedo de lo que fue mi rostro,
por las cornisas deambula
el aroma humano de mis coyunturas.
en algún mosaico de este muro
grita el murmullo
de esas tardes en las que mis ojos
se posaron ahí pensando en tu mirada.

Ambivalencia y doble sentido conforman el tono perspicaz e insolente en el modo de hacer alusiones en primera persona. Es así que, a través de la piel sensible de las páginas se transparenta una biografía confesa, reconocida en el acto de dar nombre a la ausencia, de tomar las palabras como aliadas para remembrar. Poetizar a fin de cuentas, la nostalgia:

los columpios y los parques:
los niños beben manzanita y corren detrás de “túlastrais”,
se asoman a su ventana:
“anda, bájate los calzones, quiero ver qué hay ahí”.

La experiencia aquí se vuelve memorial, lamento, parodia, especulación y cuestionamiento hacia varios puntos que giran en torno al yo lírico.


                                                                              Archivo: Cuartoscuro

El pretexto de No sé andar en bicicleta es justamente la referencia al Yo, tangible a través de la ausencia, en una etapa de fracturas y derrumbes irremediables en medio de un México en crisis, situado en 1985. Esta es la sensación transmitida, al reconocer una escritura que sabe reconocerse en la entidad propia. Reconocer y auto-biografiarse, ser congruente a la constante que recurre a la nostalgia del tiempo vuelto hacia atrás para observar con ojos de infancia perdida. Y de ese tiempo las preguntas se erigen como dolencias internas para recuperar, acaso el asombro, o el trasfondo del clamor:

por qué nadie dijo que era mentira que las fiestas de cumpleaños con pastel y velitas sólo se hacen cuando cumples 7…

En cuanto al aspecto formal destaca la disposición tipográfica, la simulación de trazos a manera de hormigas, el recorrido de los signos en busca de lucidez poética. El aparente desorden destaca también los sonidos, las onomatopeyas como suerte de ruido impertinente del niño frente al reclamo.

tic tac tic tac
zig zag zig zag
toc
toc
toc

Franco López explora conscientemente la visualidad como propuesta para llevar a su lector a otra dimensión de entendimientos.
Otra particularidad de No sé andar en bicicleta es la ironía, dispuesta en versos rimados, ritmados en ronda infantil de sátira elocuente:

 arroz con leche me quiero casar
 arroz con lágrimas me quiero suicidar

Después de la confesión, las palabras saltan: matar, cortar, sangrar, para finalizar:

          con esta navajita me corto yo

El remate a la conocida ronda de nuestra infancia, deviene en tragedia, amparada en el tono bizarro de la caricatura.
Dos poemas que particularmente llaman mi atención son los presentados en las páginas 14 y 23. El primero es una especie de canto al padre, canto revestido de amonestación a la masculinidad insostenible. El poema transmite orfandad, en sí mismo es la prueba que, el no saber andar en bicicleta delata la carencia del guía, el hilo conductor del viaje; sin embargo, el viaje imposible de una bicicleta roja se invierte a la posibilidad de todos los referentes expresados por medio de la palabra:

¡dime en qué piensas, miéntame la madre, grítame: “mala hija”, golpea en la mesa, rómpeme el hocico, pero dime, dime quién eres eterno búfalo del silencio!
mi madre nunca me dejó andar en bicicleta,
tú nunca me enseñaste a pedalearla.

El otro poema es el que recuenta el temblor de 1985. Aquí la autora no se permite jugar con la circunstancia, implantando ironías; muy al contrario: traslada el episodio tal como lo sentiría cualquier niño de la Ciudad de México, testigo de ese momento:

a veces veía las noticias
entonces pensé
con imaginación de niño
pensé que había sido una bomba
pero fue el movimiento de la tierra
su hartazgo
sacudió toda la ciudad
dejó a todos llorando
hedía a muerto y a casas derruidas
apestaba a que algo concluía

En suma: el rompecabezas nunca se completa, siempre falta por saber, y por lo tanto de rememorar en el hilo de la historia personal. La autora ya lo ha señalado al concluir la página final de sus recuerdos: siempre falta un pie, un dedo, una oreja.

                                                                           Presentación de No sé andar en bicicleta

Texto de presentación del libro No sé andar en bicicleta de Rocío Franco López leído el pasado 25 de julio de 2014 en el Centro Regional de Cultura de Ecatepec José María Morelos y Pavón.

lunes, 30 de junio de 2014

DOS TRADUCCIONES por Alessandro Atanes





















Alessandro Atannes (Santos, Brasil, 1973). Periodista y ensayista. Maestro en Historia Social. Autor del libro: Esquinas do Mundo: Ensaios sobre História e Literatura a partir do Porto do Santos. Traductor responsable por la versión en portugués de Óscar Limache y Javier Heraud, poetas peruanos publicados en Brasil por el sello editorial Cartonera Sereia Ca(n)tadora.



POEMA PARA LUZ DIURNA

O que mantenho no olho desperto
é um fio de luz diurna,
a mesma que desperta em minhas têmporas
e faz surgir a palavra em redomoinhos.

É a mudança do pó cego até a luz
a conversão da sombra em lucidez da fala.

Sem fala, mudo na insistência, atravesso seus limites:
norte-sul
dimensões:
altura x largura.

Longitudes abismais do retalho,
fragmento do mundo.

Desperto me lanço.

E do visto, é o aprovado
gravando cores na casca da lembrança,
sobre um suporte onde criador e mãos
assinalaram com pontas de pincel
a transparência de uma piscada elétrica
de luzes acordadas, recordadas
como um punhado de pó lançado ao ar
envenenando o ar de cores.

Esta tela tem manchas,
uma linhada de existências,
um palpitar revolto na água
e um ar de objeto alcançado.

Por mais escuridão que vejas
leva por dentro a luz secreta,
entremeada a carne aguda
quando a altas horas bateu à porta
a coincidência de escrever,
pintar o mundo,
armar o mundo,
sitiá-lo inteiro em um quebra-cabeças,
por nome nas pálpebras caladas de mil crostas de desvelo
de cada uma das arestas da noite pendem etiquetas, fios, humores e suor.

Do combatente é a ordem e o reparo.

Este entremeado me cruza o sangue.

Antes cruzou rios
quando saltou de um papel para as veias
e delas para os ângulos albinos do quadrante.

O traço convertido em palavra,
abre palavras com a consistência do brilho mais puro
botões que quiseram acordar no lume
ser pós-moderno no acrílico
ser na pintura
e estourar até se tornar carne, muro, parede
uma explosão áurea
a partir do centro até calar os limites
por onde resiste-se a sair como uma cascata
vir até ti, abstrata na matéria.

Na pulsão do primeiro criador na rocha, existe um nome:
nome da cor mais cinza, azul, sábia de cores
os mais enfeitiçados unguentos para assediar a eternidade.


BALSA

I
Não chove... ninguém escuta o batimento que treme
desprendido de uma raiz profunda
Ninguém escuta um estertor de vozes, uma oração filtrada
como água desgarrando da rocha
Abaixo a memória foi substituída
abaixo tiritam os ossos
O núcleo que prediz o fim é uma chama
uma couraça partida; o fogo do princípio
é o retorno ao fim
Escrito no ar, um balbucio disperso foi mais um redemoinho
que uma couraça coberta de pó
Couraça nas trevas, não emite um rugido
que enche a boca de apoios para um canto
no dia em que terá cicatrizado por dentro
Algo nomeio apenas com uma aresta do silêncio
algo me assegura que minhas palavras partidas
não penderão do fio eterno
Me abrirei à consistência do perdido
da fumaça negra de que desprende a cinza
Atravessada estará a resposta, longe de banhar com a luz
as costas dos astros
longe de sacudir a poeira encapsulada
que não foi orvalho na manhã
Longe de continuar a marcha
a inesgotável marcha
pela periferia do naufrágio
Um tremor me deixa fissuras, abandona os indícios do pulso vivo
me submerge na mais caudalosa tempestade
as vozes que não digo habitam sob a terra

A balsa abriu as passagens, as enormes asas transparentes
Em nome da salvação
deixou a margem e uma coroa de espuma
extensas redes na borda da intempérie

Uma balsa
no nome da tempestade
arrastou para a corrente
ervas daninhas de movimentos, vozes trepadas
umas nas outras como um rugido coletivo
como um vulcão que se vê à distância de seu horizonte
com sua lava secreta apenas orvalhando a vista
Foi débil o pedaço de madeira
esperou anular a esperança
em um porto de luzes cegas.

II
Os desterrados falam e emudecem
agora: a proximidade do ar lhes revela
a exalação que emitem as entranhas
Uma boca aberta desde a primeira luz do olho
foi um primeiro grito, depois um tremor de palavras
exalação de cansaço como uma chuva insistente
O final que as bocas emitem selam os poros da terra
O cansaço como uma chuva
sobre o asfalto
Caminhará por horas em círculos concêntricos
apenas para topar com a meta atingida.

miércoles, 11 de junio de 2014

AL TERCER DÍA

                                                          (Poema visual, fotografía: Víctor Argüelles)

Una silla, una faz. Un ruiseñor
entabla diálogos monocordes,
pocos escuchan, y sonríes.
Rio por dentro, y las ventanas
nos dan señales de luz acaecida en los relojes.
Mi poema silencioso lleva ríos,
líquidos ramajes de una eufonía que nos contiene.
Mi río por dentro se llama Poema.
Y es tu primer día,
y mi tercer rodar desde un límite incandescente
donde mi aguja se amanece sola.
Al tercer día se hizo el canto del poeta.
al tercer día nos encaramos:     
Tú, península,
yo estuario.            
Y apareciste preguntón
“¿Estoy en el lugar adecuado?”, “¿es aquí…?”
Dije sí, y para ese tiempo no sabía…
nada sospechaba al borde de una flama en el centro.
Era yo, apacible con mi solapa y el lomo llagado de mi libro,
y mis diez céntimos para el regreso.
Y eras tú, venidero del sonido donde mueres
con tanta paz aferrada a tu frente
a tu sien marcada de atavismos,
y aún no era nadie
y tú, nadie, y aquél, nadie.
Y todos nos mirábamos
y nadie interrumpía al rubio ruiseñor con su diálogo vacío.
Ahora…, hace un año, y eres del "ahí", de ese "ahí"
que no se muere nunca,
ese lugar donde llegamos a curtirnos de rapsodias
y no sabía para entonces
de la entidad secreta que rige a los poemas:
un yo, un tú… un yo poeta.
Y no sabía la rima interna que habría de llevar tu nombre,  
torrente sanguíneo arremolinando su cauce en el costado;
y no sabía…, y no sabías…
Ahora estos pétalos caen
y alguien escribe a medianoche, y escucha
famélicos destellos de un  jazz pausado con timbales,
marisma de voces en botellas aguamarinas
y marimbas en suspenso.
No sabía para ese entonces lo que alcanzarías a ser
en páginas blancas del monitor:
ritmo y más ritmo, vacío, y blanco silencio.
Y no eres..., y no estás.
y eres: año en su giro cerrado,
recordatorio que fui yo, el primero
en toparse con mares deletreados de tu arribo.
Me pregunto si alguien te vio desempacando tu orfandad,
tus libros y canción norteña,
me pregunto si fui yo, que se topó con la ondulación
de tu paso en una esquina, antes, mucho antes
de tu aparición en la factoría para labrar palabras.
Y ahora eres: año crecido en el centro que me perfora las emociones;
revoltijo de papeles, y un incendio,
un año, una escalera interminable,
un paso sin detenerse,
un río prolongado,
un brazo,
una península de sal.
Y eres…
Amor que no me nombra,
que aparece un día en otro territorio
porque eres de ella y de allá
de esa paz longeva del nacimiento
porque eres de ella y de allá:
Amor que no me nombras.

sábado, 31 de mayo de 2014

Un poema de José Carlos Becerra

El azar de las perforaciones

Puse las manos donde mis guantes querían,
puse el rostro donde mi antifaz podía revelármelo;
mi única hazaña ha sido no ser verdadero, mentir con la conciencia de que digo la verdad,
mirar sin aspavientos mi existencia, desfigurada por lo que la hace vivir,
rodeada por lo que tiene de centro, de membrana interior.

He utilizado la palabra amor como un bisturí,
y después he contemplado esa cicatriz verdosa que queda en lo amado y en el amante,
y esa cicatriz verdosa brilla también en estas palabras,
y en mi mirada también pueden sentirse los bordes carnosos y finos
de esa cicatriz, de esa estrella sin fuego.

La noche ha pasado hacia el mar,
ha pasado llevándose mis antiguas estatuas,
y yo vi cómo borraba también el burbujeante silencio de los conspiradores,
de los héroes que extraviaron su heroísmo al nacer, al ser héroes por primera o por última vez.
La noche se desliza entre los barcos anclados,
y el gran velo del trópico, como un cuerpo a la deriva, cae sobre nosotros;
cae con lentas oleadas de insectos, y el calor es una lengua obscena
que lame por igual los cuerpos de los vivos y de los muertos.

Vuela la noche sobre el mar y del mar regresan los últimos pájaros,
la luz de los faros se unta a la dureza de esas aguas oscuras, se extiende sobre ese ritmo arrebatado a otra vida,
y con un movimiento impreciso, el sueño de la tierra
levanta los remos.

¿Dónde podría yo estar diciendo la verdad?
¿De qué antifaz arrancaría yo mi rostro para probar el dolor de mi mentira?
¿De qué rostro arrancaría yo mi antifaz para probar la tela de mi vida,
la gran envoltura de lo que me rodea?
Pero la vida es la gran respiración de la muerte,
el ruido de las pisadas de nuestras propias hormigas.

Se hunde la noche en los rostros y en las palabras,
el trópico extiende sus calientes y húmedas mantas sobre mi corazón.,
y una respiración pausada de agua podrida, una fresca dulzura de sapos, envuelve a las cosas.
Y es el vaho de la piedad, la gran religión del desacuerdo con el amor y con las macizas exploraciones del odio,
lo que enciende sus lámparas veladas, sus frases veladas, sus caricias veladas.

Y yo toco aquello que tal vez me corresponde, que tal vez me alimenta, que tal vez me devora;
yo palpo la dureza y la blandura de mi alma, no con mis manos
sino con mis guantes; mis falanges de cuero, mis uñas de gamuza exploran la verdad
como una apariencia temporal de la mentira, y exploran la mentira como un túnel
por donde hacemos pasar la verdad.
Todo yo me sorprendo, todo yo me designo;
este descubrimiento es ventajoso, mis manos no existen, existen mis guantes,
las aguas de la Historia me llegan a los labios, me suben a los ojos,
son el caldo de cultivo apropiado para interrogar dentro de él a Dios,
la bañera donde los enfermos cabecean confundidos con su enfermedad,
donde los héroes respiran dolorosamente confundidos con sus estatuas.

Mis guantes exploran mis manos,
en la humedad del trópico exploran la sequía deslumbrante del desierto,
palpan los grandes glaciares entrando en el océano con la serenidad de las grandes catástrofes.
Las hojas podridas se enternecen con esta exploración, los mosquitos escoltan el anochecer,
la realidad se desviste en sus lámparas.

La noche baja al mar, en los manglares de detiene la luna,
¿quién oye ese rumor de insectos en la caliente y húmeda noche?
¿Quién oye ese rumor de cuerpos encontrados en la memoria, en el sudor del alma, en el chasquido de la nada?

Esta indagación sólo podrá ser realizada por el artificio,
el antifaz irá trasplantando el rostro, los guantes tendrán a su cargo la creación de las manos,
la mentira abrirá un túnel bajo lo que llamamos real, pondrá en entredicho la dureza de ese piso.
Sólo así mi tacto será más vivo,
y mi respiración dará menos vueltas para encontrarse con mi alma,
o con aquello que pregunta por mí, si es que algo pregunta por mí.

¿Quién escucha este zumbido de insectos en la caliente y húmeda noche?
También la luz de los faros ha sido contagiada por el rumor inarticulado de esas aguas, por lo corrosivo de ese movimiento.
Pero hay un rumor de remos, hay un rumor de remos;
debemos escucharlo con atención.

viernes, 23 de mayo de 2014

TRES POEMAS DE SERGIO MONDRAGÓN


Insomnio

la hora negra abre la boca
el tic tac de la carne crepita en la almohada

rostros desfilan monocordes y lentos
recuerdos humedecidos por los años
fermentados por las lluvias de innumerables veranos
voces vencidas por la memoria
ciudades aeropuertos despedidas
                                    anclados en la niebla

la caravana
avanza contra la tormenta
búhos en sus nichos de roca
niegan lentamente con la cabeza balanceando
sus largas cabelleras
cuerpos canciones cementerios
                                arrastrados por el viento

el musgo del deseo el rumor de la rata
crujen en la sombra
el peso de la noche rompe la rama
el reloj cae sin fin

estiro la mano palpo la cama enorme
estoy con los ojos inmensamente abiertos
relumbrando en la noche


Laberinto

no basta
mirar
es necesario poner en movimiento
los sueños del caballo de mar
de la memoria
los suntuosos palacios
soñados esta madrugada
no basta
escribir el poema
es necesario zambullirse en la concentración
del barrer
del amar del mirar el cuerpo de una hormiga
es posible entonces echar a correr
de cara hacia el misterio
contenido
en una taza de té
el poema se organiza luego
la máquina se para
y el paisaje comienza a cantar
se desliza la mano sobre el lomo del viento
un nuevo grito en el bosque se inaugura
un nuevo canto gotea hacia el asfalto
mi perro reza de rodillas
mi molinillo de oraciones trepida en el aire
ya todo es una feria volteada de cabeza
como una virgen perseguida en los pasillo del laberinto
el místico laberinto
de una vara y una caja de laca
en la que guardo mi poema
lo doblo
y lo coloco en los estantes de la cabeza
mientras sales a la calle
y andas como entre el recuerdo del poema que tramas
mientras te repites
no basta mirar
es necesario


Domingo

domingo por la mañana
día de libertad
pasan los globos de colores
oigo voces alegres a mis espalda
voces ataviadas de fiesta
domingo
día de lectura
día de rondas y de flores
día de búsqueda por el desván
día de bodas entre mi mano derecha
y mi pie izquierdo
día de podar los pinos del jardín
día de contar historias a los niños
pasan mis vecinos
van a su placeres a los montes
a sus panes en los parques
a sus picnics sobre el pasto
domingo      domingo
tu sol ya está alto
tus pájaros están de viaje
tu viento silba cargado de nostalgia
en una atmósfera de plomo
domingo
pasa la carroza del fastidio
por la calle
y todos mis vecinos se trepan a ella
con la sonrisa en los labios



(De El aprendiz de brujo, Lecturas Mexicanas, SEP, México, 1986)

                   (Palacio de Bellas Artes, 2010. Foto: Mijail Lamas)